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La Coctelera

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Entrevista de Su Excelencia Arzobispo Ivan Jurkovic, Nuncio Apostólico en Ucrania,
al Boletín del Servicio de Prensa de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana - Patriarcado de Moscú (IOU)
Enero del año 2005 1. Excelencia, Usted ha sido designado hace poco Nuncio en Ucrania. ¿Cómo ha tomado la nueva designación?

Ante todo quisiera agradecer al Servicio de Prensa de la IOU por la atención que se me concedió con esta entrevista, la primera de semejante extensión que doy desde mi llegada a Ucrania. Pese a que mi misión en Bielorrusia fue muy importante para mí, la designación a Kyiv me pareció extraordinariamente atractiva, aunque sabía que me esperaban tareas más complejas que las anteriores. Por otro lado, somos ?gentes de obediencia?, por eso, gracias a Dios, la opción en nuestra actividad no sólo expresa los deseos y gustos personales, sino, y ante todo, es nuestra respuesta aprobatoria de la voluntad del Señor, expresada también en las decisiones de nuestros superiores. De cualquier modo siento que en Kyiv encontré mucho más de lo que esperaba y por eso estoy muy contento del nuevo cargo.

2. Usted ha trabajado en muchos países del campo post-comunista, incluso en la Federación Rusa y en Bielorrusia. ¿Podría destacar las características religiosas y sociales específicas de nuestro país?

Al comenzar mi servicio diplomático en la Santa Sede, jamás pensé que pasaría tanto tiempo en los países de Europa Oriental. Pero ahora lo veo con gran satisfacción y me siento agradecido a la Divina Providencia que me llevó por este camino. Soy el primer diplomático de la Santa Sede que ha trabajado en tres grandes capitales eslavas: Moscú, Minsk y Kyiv.
Mucho tiempo estuve reflexionando acerca de los rasgos en común de estos grandes pueblos y de lo específicamente propio de cada uno.
El primer rasgo y, tal vez, el más importante es que se trata de los pueblos para los cuales la tradición ortodoxa, con su rica herencia y potencial creativo propios, es la característica cultural más significativa. Por eso, siempre aspiré, dentro de lo posible, a mantener contactos con los ortodoxos, tanto laicos como sacerdotes, intentando comprender mejor sus aspiraciones y manera de ver. En Bielorrusia tomé parte en un grupo de oración formado casi íntegramente por ortodoxos y tan sólo ahora he tomado conciencia del valor de lo aprendido con ellos.
En cuanto a la presencia de nuestra Iglesia Católica en esos países existe una sensible diferencia. Mientras en la Federación Rusa la comunidad católica no es grande, en Bielorrusia y Ucrania la presencia católica abraza más o menos del 10 al 15% de toda la población. Es decir que los católicos, si bien siguen siendo minoría, juegan un papel determinado allí al hacer su aporte específico también en la vida social de estos dos países. Indudablemente se trata de un influjo, si bien limitado, pero real.
En lo referente al diálogo oficial con la Iglesia Ortodoxa, en mi opinión, cada uno de los tres países y, en especial, cada una de las tres capitales, tienen su propia vocación. En cierto sentido se podría hablar de tres centros, cada uno de los cuales posee su propio potencial específico no sólo para el diálogo ecuménico, sino también para el intercambio cultural en general.
Creo que se habla con demasiada frecuencia de una cierta difusión de los valores occidentales en el Oriente, recordándose muy poco el influjo que ejercía y ejerce el Este eslavo en toda la cultura europea. En esas tierras viven casi 250 millones de personas instruídas, educadas, talentosas y creativas que van a jugar un papel importante en el futuro de nuestro continente. Por eso nuestra tarea es mantener abiertos los caminos para el diálogo ecuménico, evitando los malentendidos y tensiones que podrían dañarlo.

3. Al poco tiempo de su designación tuvo lugar el encuentro con el Superior de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana. ¿Qué problemas fueron examinados durante el encuentro? ¿Cuáles son sus impresiones después de esa reunión?

Mi visita a Su Beatitud Volodymyr, Metropolitano de Kyiv y Toda Ucrania y Superior de la IOU, fue el primer encuentro oficial que sostuve después de la entrega de mis Cartas Credenciales. Hasta ese momento visité sólo a los Obispos greco-católicos y romanos. Hice esa opción conscientemente también para subrayar la importancia de tal paso para mi misión en este país. El encuentro fue, ante todo, una visita de cortesía, una oportunidad para presentarme. Durante el mismo expresé al Metropolitano el deseo de la Santa Sede y mi disposición personal a proseguir el diálogo ecuménico y el intercambio de opiniones y enfoques sobre numerosas cuestiones referentes a las relaciones entre ambas Iglesias, y a reflexionar conjuntamente acerca de algunos retos del mundo moderno. Me ha impresionado la atmósfera de apertura y cordialidad en que se desarrolló el encuentro. Conservo un cálido recuerdo del mismo.

4. Actualmente en nuestro país existen relaciones nada simples entre ortodoxos y greco-católicos. Los ortodoxos ven manifestaciones abiertas de proselitismo por parte de la Iglesia Occidental en su expansión hacia el Este, lo cual se exteriorizó en la creación de nuevos exarcados en Ucrania del Este, en la mudanza de la cátedra a Kyiv, al enardecerse los conflictos inter-confesionales que ocurren actualmente en Transcarpacia a nivel de algunas comunidades, y que fue objeto de una declaración oficial de la jerarquía de la IOU, publicada en la prensa y enviada al Presidente y al Superior de la Iglesia. Una de las tareas principales que Usted ha indicado en más de una ocasión es la del auspicio del futuro desarrollo del diálogo entre el Este y el Oeste. ¿En qué fase se encuentra ahora dicho diálogo en nuestro país y qué actos concretos sugeriría al examinar la cuestión en el contexto señalado?

Al hacerme esta pregunta toca Usted la esencia misma de muchos aspectos que en cierto grado constituyen una de las tareas principales de mi misión en Ucrania. Claro que me resulta difícil aún dar respuestas detalladas; necesito tiempo todavía para ponerme personalmente al tanto de las cuestiones concretas.
Por otro lado, estos problemas poseen en cierto grado muchos rasgos en común con otros países donde tuve la oportunidad de trabajar. Algunos de estos problemas tienen raíces históricas, mientras otros están relacionados con el cambio del contexto social después del colapso de la Unión Soviética y la nueva situación en Europa. Después de largos años de esperanzas, la gente volvió a hallar su libertad personal y obtuvo la posibilidad de crear un nuevo orden social. Esto quedó marcado también en la vida religiosa: la gente pudo a su vez declarar abiertamente su pertenencia confesional. Esto se puso en evidencia en forma especial en aquellas regiones que durante siglos habían unidas con la Santa Sede. Por supuesto que tal retorno iba acompañado a veces de momentos de tensión que la gente aún recuerda. Por eso me parece que todavía hace falta tiempo para que queden allanadas todas las dificultades de ese período.
Cuando hace más de diez años llegué a Moscú, tuve que tratar asuntos semejantes a los que usted me acaba de plantear. Aunque ambas Iglesias hicieron mucho para encontrar el entendimiento y superar las situaciones de injusticia, habrá que dedicar muchos esfuerzos todavía para mejorar la confianza mutua en las relaciones entre ambas Iglesias. Sin embargo y pese a todas estas dificultades, el intercambio de opiniones jamás se ha interrumpido totalmente y esto, a mi modo de ver, es el testimonio de que todos entendemos perfectamente la necesidad de proseguir con el diálogo entre la Ortodoxia y el Catolicismo.
Además, me parece que aún no se ha logrado hacer un análisis preciso de todas las consecuencias del período soviético. Baste pensar en los resultados de las deportaciones forzadas, ante todo de las regiones occidentales de Ucrania a Siberia, y también de las migraciones voluntarias que se dieron durante largo tiempo. La población se iba mezclando también a causa de la migración sistemática del este en dirección a las fronteras occidentales. Todo ello influyó considerable en la estructura de la sociedad, incluso en el aspecto confesional. Por ejemplo en Minsk siempre me causaba asombro el hecho de que, casi como una regla, en las familias reunidas para celebrar las fiestas, hijos, padres, abuelos y bisabuelos pertenecieran todos a confesiones diferentes. En las aldeas este fenómeno se da con menos frecuencia, pero casi en todas las ciudades (bielorrusas) la estructura confesional está muy mezclada. Por eso muchas veces subrayé la necesidad de mantener el diálogo entre diferentes confesiones no sólo a nivel de las relaciones inter-eclesiásticas, sino también porque afecta la vida de muchas familias. Como sabemos muy bien, la familia es una estructura donde se pone en la mayor evidencia la necesidad del entendimiento mutuo y la armonía entre todos. La familia tiende a evitar las tensiones, y por eso la situación en la familia exige de nosotros un máximo de atención y respeto. A veces observé con tristeza que la gente de diferentes confesiones se trataba en casa y en el trabajo sin problema alguno, mientras que en el medio eclesiástico pesaba una gran cantidad de cuestiones no sólo referentes a las convicciones religiosas, sino también a las divergencias en la interpretación de acontecimientos históricos del pasado remoto, pero que son capaces de provocar todavía nuevas barreras y dificultades. Estoy convencido que para progresar no es suficiente quedarnos tan sólo en la explicación de algunos hechos del pasado, sino que y ante todo es necesario aprender a respetar las convicciones de los demás, incluso las sensibilidades específicas de cada uno.
En cuanto a las cuestiones de la propagación de la Iglesia Católica hacia el Este, a mí me parece que no se toma debidamente en cuenta la circunstancia de que muchos católicos fueron llevados al Este a la fuerza y ahora quisieran restablecer los nexos con su propia Iglesia.
Por otro lado vemos la rapidez con que va cambiando la situación también en Occidente. En los años de mi trabajo en la Secretaría de Estado tuve la oportunidad de ver cuánta gente llegaba a Roma de Europa Oriental. Creo que ahora la comunidad ucraniana en Italia es una de las mayores. Esto es una verdadera ola de emigración hacia el Oeste. La mayoría de ellos llegaron en busca de trabajo. ¡Gracias a Dios! Puedo afirmarlo porque vi la importancia que tenía tal ayuda para mi propio país en los años sesenta y setenta cuando la gente tuvo la posibilidad de mejorar sus condiciones materiales al ir a trabajar a Alemania y otros países europeos.
Para miles de estos emigrantes creyentes fueron abiertas nuevas parroquias y nuevas estructuras de trabajo pastoral. Puedo decirlo ante todo de la comunidad greco-católica ucraniana, pero sé que está creciendo también en forma permanente la ayuda pastoral prestada a los creyentes ortodoxos.
En cuanto a la situación en Transcarpacia. Como dije antes, me resulta aún difícil estimar casos concretos aislados, aunque se trata de una región que conozco bastante bien, porque ya en noviembre de 1992 la visité por primera vez. Entonces observé algunos casos serios de extraordinaria tensión.
Hace poco he vuelto a ir varias veces a Transcarpacia. Entre otros, me encontré con los representantes de las autoridades locales y también visité al Excelentísimo Obispo de la IOU Agapito. Y pude convencerme de que, lamentablemente, quedan todavía numerosos problemas sin resolver. Sin embargo he notado que muchas cuestiones ya se solucionaron y vi también numerosos proyectos de vuestra Iglesia que, según mi parecer, son por sí mismos testimonio de un considerable progreso. Pero también la comunidad católica de rito bizantino está pasando todavía grandes dificultades.
En todo caso estoy convencido de que a nosotros nos toca seguir el diálogo y movernos hacia adelante sin perder la fe en el éxito. La sociedad moderna es tal que no admite otras alternativas al diálogo y al intercambio abierto de opiniones. Indudablemente, esto no significa que renunciemos a nuestras convicciones personales. Acabo de leer un artículo de una alta jerarquía ortodoxa, publicado en la revista mensual ?Spasite Nashi Dushy? (Salven Nuestras Almas) del mes de diciembre pasado, que ofrece un análisis muy diferente en lo que se refiere al valor del diálogo.
El principio de seguir la voz de la propia conciencia y de defenderla, pero a la vez de reconocer la misma libertad también para los demás es especialmente valioso en el diálogo entre las Iglesias. Las verdades de la fe, como bien sabemos, siempre incluyen, al menos en forma inicial, también el amor cristiano. En cierto grado podríamos decir que la verdad defendida con falta de amor cristiano pierde su brillo. Éste es uno de los principios más genuinos del cristianismo.

5. ¿Existen según su opinión vías concretas para regular situaciones conflictivas tocantes a los edificios de culto y a las cuestiones de bienes raíces que surgieron en Ucrania Occidental a comienzos de los años 1990 a causa de la entrega masiva de los templos de manos de una confesión a otra, lo cual fue seguido frecuentemente de actos de violencia dirigidos contra el clero y los laicos ortodoxos? ¿Qué diría Usted al respecto?

Como ya he dicho, en todo lo visto por mis propios ojos en 1992 hubo episodios bastante dramáticos por ambos lados. En aquel entonces me hicieron conocer ante todo las situaciones más dolorosas para los greco-católicos. Sin embargo estaba al tanto de que había también otros casos de sufrimientos pasados por vuestras comunidades. Actualmente, a mi juicio, la situación ha mejorado mucho y la mayoría de las comunidades ya tiene la posibilidad de profesar libremente su propia fe. Por eso debemos continuar moviéndonos sólo para adelante conservando siempre abiertos los caminos para el diálogo. Especialmente importantes son los contactos fraternales a alto nivel, con obispos y sacerdotes. Esto ayuda a la gente a superar las injusticias cometidas y alcanzar el acuerdo. En Bielorrusia decían que en el pasado los pueblos más tranquilos fueron aquellos donde un sacerdote ortodoxo y un padre católico tomaban una copa junto con un rabino. El afianzamiento del entendimiento mutuo es una de las tareas más nobles de la Iglesia. Por otro lado, la falta de esfuerzos emprendidos para disminuír las tensiones aún existentes no sólo supone el incumplimiento de los Mandamientos de Dios, sino también una irresponsabilidad para con la sociedad.

6. Hace mucho que se conocen los problemas de coexistencia entre católicos romanos y greco-católicos en Ucrania Occidental. Vuestro antecesor Mykola Eterovic dijo en su entrevista al periódico ?Den?: ?… algunos problemas se daban, principalmente, por cuestiones de los edificios de culto que las autoridades locales entregaban según su propio criterio a tales o cuales comunidades, mientras que la comisión mixta actual, compuesta por dos Obispos greco-católicos y dos católicos romanos, va a examinar las cuestiones no resueltas hasta el presente y propondrá las soluciones respectivas…?. ¿Cómo se logrará resolver las cuestiones disputadas en la fase actual? ¿Hubo demandas recientes de las comunidades ortodoxas a nivel local, referentes a problemas de bienes raíces?

Es indudable que aún quedan algunas cuestiones sin solucionar, pero no se trata de dificultades insuperables. De alguna manera se podría decir que siguen resolviéndose con considerable éxito. Estas situaciones son casi todas consecuencia de injusticias cometidas en el pasado contra determinadas comunidades. Baste recordar la actitud por los creyentes católicos en los decenios pasados y el destino de sus edificios de culto, construídos a precio de tantos sacrificios y abnegación. Seguramente no será equivocado afirmar que los católicos, tanto los de rito oriental como también latino, sufrieron por actitudes más duras quizás que sus co-hermanos ortodoxos. Luego, en el período soviético, cambió el concepto de la propiedad, así que todavía hoy no siempre se considera necesario devolver los bienes a quienes les fueron quitados. Parece que se llegó a tal punto que la propiedad de la Iglesia no le era devuelta a sus dueños legítimos, siendo incluso ?privatizada? (?apropiada?, ?hecha propia?), como ustedes dicen, haciendo a veces uso de este término con un matiz casi sarcástico. De este modo, las comunidades que fueron privadas de su propiedad y que sufrieron opresiones, privaciones y deportaciones, ahora, cuando ha llegado la libertad, son testigos de que sus propiedades son vendidas a gente absolutamente extraña. Y todo esto ocurre en una situación de serias dificultades económicas, de necesidades imperiosas y de dificultades cada vez mayores para encontrar algún apoyo. Así que se puede decir que, lamentablemente, este problema sigue siendo agudo y que lo será por cierto tiempo, influyendo en ello también las relaciones entre las Iglesias.

7. ¿Cuál es ahora la situación referente al otorgamiento del status de Patriarcado a la IGCU?

La cuestión del otorgamiento del status de Patriarcado a la Iglesia Greco-Católica Ucraniana (IGCU) continúa estando bajo la gestión del Sumo Pontífice. Su esencia se ve concentrada en las palabras del Papa con las cuales se dirigió al Sínodo Permanente de la IGCU, reunido el 3 de junio del año 2004 en Roma: ?Comparto vuestra aspiración, fundada también en la disciplina canónica y conciliar, de tener una configuración plena jurídico-eclesiástica. La comparto en la oración y también en el sufrimiento, esperando el día establecido por Dios en que podré confirmar, como Sucesor del Apóstol Pedro, el fruto maduro de vuestro desarrollo eclesiástico. Mientras tanto, como ustedes saben muy bien, vuestra demanda es seriamente estudiada también a la luz de las valoraciones de otras Iglesias cristianas.?
Estas palabras siguen siendo guía en el camino al desarrollo de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana.

8. En las acciones del ?Maidán? (Plaza de Independencia en Kyiv) tomaron parte activa los representantes de las comunidades católicas de ambos ritos, incluso monjes y el clero secular. Los órganos centrales de prensa de la IGCU hacían publicidad abierta por uno de los candidatos. ¿Cómo juzga Usted estos hechos?

Los acontecimientos sociales que acabamos de vivir, según mi opinión, podrán ser apreciados del modo debido sólo a la luz de una perspectiva histórica más lejana. Claro que para mí fue una sorpresa poder vivir estos momentos tan insólitos, casi inmediatamente de comenzada mi misión en Ucrania. A lo largo de todo este período pude ser testigo de una gran inquietud en la gente, incluso en los creyentes y el clero de todas las confesiones cristianas. En la Plaza hubo también celebraciones religiosas y se elevaban oraciones a Dios. Durante casi un mes uno podía encontrarse en las calles de Kyiv con procesiones religiosas portando iconos y estandartes. Tal vez algunos de estos actos sean valorados por una de las partes como apropiadas, mientras que otros los juzgarán en forma negativa.
Sin embargo me impresionó de manera especial el hecho de que las máximas autoridades eclesiásticas ucranianas expresaran una gran mesura y preocupación pastoral por el pueblo, defendiendo no tanto a determinados candidatos, sino los principios éticos y el respeto por la dignidad humana. En la Nunciatura se hicieron las traducciones de todas las declaraciones publicadas en la prensa tanto por los máximos líderes católicos eclesiásticos, como por el Superior de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana del Patriarcado de Moscú, Su Beatitud Volodymyr, y también por el Consejo Pan-Ucraniano de Iglesias y organizaciones religiosas. En total fueron unas quince declaraciones. Cuando me venían a ver periodistas extranjeros y me preguntaban mi opinión, siempre les daba estos textos para mostrar lo mucho que habían hecho las confesiones religiosas para evitar que la violencia se adueñara de las calles.

9. En Lviv fue inaugurada la Universidad Católica Ucraniana; en Ucrania funcionan varios centros educativos espirituales; y el seminario de rito latino en la Diócesis de Kamianets-Podilskiy (en la ciudad de Horodok) otorga a sus egresados el grado de Bachiller, ya que es filial de la Facultad de Teología de la Universidad Lateranense de Roma. ¿Cómo se resuelve la cuestión de la acreditación estatal de los centros educativos espirituales de la Iglesia Católica en Ucrania?

Como se sabe, la Iglesia Católica siempre prestó gran atención al desarrollo armonioso de la persona humana y especialmente a la educación en los centros docentes. Actualmente en el mundo existen cerca de 350.000 escuelas católicas y casi 1000 universidades e institutos católicos. Lo que en muchos países del mundo se ve como absolutamente normal, en otros sigue siendo casi imposible. Esto ocurre también en Ucrania, donde aún no hay legislación relativa a la educación no estatal. Sin embargo, la Iglesia Católica intenta hacer todo lo posible también en la situación actual. Es importante colocar los cimientos, preparar el profesorado, y entablar relaciones educativas internacionales. Ya se verá más tarde cuál será su desarrollo. Pero es muy difícil hacer todo esto en ausencia de un verdadero reconocimiento de los títulos académicos. En circunstancias similares fue fundado en Moscú el Colegio Superior de Cultura Religiosa de Santo Tomás de Aquino. También en Bielorrusia fui testigo del valor del Metropolitano Filaret, Superior de la Iglesia Ortodoxa Bielorrusa, que asumió las obligaciones de Decano de la pequeña Facultad de Teología. Después de numerosas dificultades esta Facultad se ha vuelto ahora, parece, parte integrante de la Universidad Nacional. Considero esto un bello ejemplo de que siempre se puede hacer algo, aunque en forma distinta de la deseada. La tarea de la promoción de las ciencias sagradas y de la cultura cristiana es impostergable porque la gente está esperando de nosotros respuestas a los interrogantes de su vida. En los países europeos la mayoría de la población ya tiene la posibilidad de obtener en una forma u otra la educación superior que ha crecido extraordinariamente en las ciencias técnicas, lo cual está ligado con la extensión de la computerización y de otros medios modernos. Por eso, ante la Iglesia surge la necesidad cada vez más urgente de promover también la reflexión teológica y de imprimir en la vida cada vez más tecnificada una dimensión espiritual.

10. Excelencia, Usted ha participado en la traducción a la lengua rusa del Código de Derecho Canónico de la Iglesia Católica. ¿Qué podría Usted decir de esta experiencia?

Todos los candidatos que ingresan en el servicio diplomático de la Santa Sede, después de su graduación en Teología, deben hacer el doctorado en Derecho Canónico. Yo lo hice en 1984, pero obtuve el grado doctoral sólo a los cuatro años, cuando ya estaba trabajando de Secretario en la Nunciatura en Colombia, en América Latina. Sucedió que mi trabajo científico ¡lo publiqué en Bogotá! Personalmente no tenía ningún proyecto de continuar mis estudios canónicos, más aún dado que el trabajo en la nunciatura no deja mucho tiempo para ello.
Sin embargo, cuando llegué a Moscú me pidieron dictar un curso de lecciones en derecho canónico latino. Cuando me dijeron que tendría que hacerlo en ruso, por poco pierdo todo mi ánimo. Pero como no había otro candidato, decidí aceptar la invitación y a lo largo de cuatro años escribí varios libros que obtuvieron una crítica bastante benevolente. Entre estas obras estaba también el Diccionario Latino-Ruso en Derecho Canónico, compuesto en cooperación con el Sr. Andrei Koval. Como hay pocas obras de este tipo en lengua rusa resulté bastante conocido. Recuerdo, en particular, cómo se apreciaban mis publicaciones en la Academia Espiritual de Moscú, en Serhiev Posad. Para mi sorpresa fui invitado por uno de los responsables de la Academia que no sólo me agradeció, sino que me pidió varios ejemplares más. Esto significa que mis obras fueron conocidas también por algunos candidatos al sacerdocio de la Iglesia Ortodoxa, lo cual me llena de no poca satisfacción.
Ya se ha hablado mucho en cuanto al papel del derecho canónico en la vida de la Iglesia. Según mi opinión es indudable que las normas elaboradas por la Iglesia a lo largo de su historia constituyen para ésta un legado inestimable. Una importancia especial adquieren estas normas en épocas de re-estructuración y renovación de la vida de la Iglesia, como ocurre ahora en muchos países de Europa Oriental. El orden, la medida, el canon son de extraordinaria importancia para la vida de la Iglesia y complementan las obras del Espíritu en las almas de los creyentes.

11. Usted comenzó su servicio diplomático en 1984 y durante muchos años cumplió las tareas encomendadas en diferentes países. Cuéntenos, por favor, ¿cómo se eligen y se designan los responsables de las misiones diplomáticas en su Iglesia? ¿En qué grado cuenta para la designación de determinados diplomáticos su procedencia nacional?

Cada uno de los diplomáticos de la Santa Sede ha seguido su propio camino para esta designación. En el pasado, los candidatos eran elegidos de entre los egresados de las Universidades Pontificias en Roma, pero la situación cambió en los años sesenta - setenta. Actualmente la Santa Sede aspira a que una gran variedad de naciones esté representada en la Curia Romana. Claro que este criterio no es el más importante, pero, de cualquier forma, es bastante significativo.
A veces suenan apreciaciones amables referentes a la calidad de nuestro servicio diplomático. No sé, quizás sean algo exageradas. Pero puedo afirmar con toda convicción que la estructura internacional de nuestro servicio diplomático es seguramente uno de los logros más valiosos, porque ayuda a respetar más y a comprender mejor las complicadas situaciones locales.

12. Hace poco se dio la entrega por el Vaticano al Patriarca de Constantinopla de las reliquias de los ilustres santos teólogos de la Iglesia Oriental. ¿Qué motivó tal decisión?

La devolución de las reliquias tiene su historia especial. Como se sabe, los contactos entre la Santa Sede y el Patriarcado de Constantinopla existen ya desde hace varias decenas de años. Estas relaciones se ponen en especial evidencia durante la participación de delegaciones fraternales, de costumbre de muy alto nivel, en las fiestas de San Pedro en Roma y de San Andrés en Constantinopla.
Pese a las dificultades del diálogo teológico que todavía existen, se ha creado entre ambas Iglesias una atmósfera de cordialidad y comunión. Un acontecimiento de extraordinaria importancia en este sentido fue la entrega al Patriarcado de Constantinopla de la Iglesia de San Teodoro en el Monte Palatino, famoso templo del siglo IV, que la Santa Sede ha puesto a disposición del Patriarcado de Constantinopla.
En junio del 2004, la Iglesia de San Teodoro fue entregada solemnemente al Patriarca Bartolomé. Unos días después, durante la audiencia con el Santo Padre, el Patriarca expresó su deseo de recibir en devolución las reliquias de San Gregorio Nacianceno, salvadas del peligro y ocultadas en Roma en el período de la iconoclasia (siglos VIII-IX), y de las reliquias de San Juan Crisóstomo, traídas al Occidente por los cruzados. El Papa aceptó la petición del Patriarca también con el fin de subrayar los lazos provenientes de la veneración de las santas reliquias que unen a la Iglesia Católica y el Patriarcado Ecuménico. Como se sabe, este acontecimiento atrajo una considerable atención de los medios de información y fue interpretado como un importante signo de apertura ecuménica.

13. Vuestra Excelencia, ¿qué objetivos se plantea Usted en su futura actividad y qué tareas aspira a realizar la misión que Usted encabeza en la perspectiva más próxima?

Las tareas del Representante Pontificio son numerosas y diversas, posiblemente incluso más complejas que las que se presentan ante un Embajador de un estado laico, acreditado ante un gobierno, que trata cuestiones claramente definidas. De otro lado, la actividad del Nuncio Apostólico comprende no sólo la vida social, sino también y ante todo el ámbito de la Iglesia.
Todo este conjunto de tareas puede ser reducido a algunas obligaciones fundamentales, como la de la representación del Pontífice Universal en nuestras comunidades; del desarrollo del diálogo ecuménico e inter-confesional; y del auspicio de los contactos de la Santa Sede con los gobiernos de los estados en materias de la vida de la comunidad internacional.
En lo que a mi misión específica en Ucrania se refiere, estaría contento de poder promover el conocimiento cada vez mejor de la realidad ucraniana, de la riqueza espiritual de este país, de su potencial creativo, en el respeto por su historia y sensibilidad por su pueblo, sin entrar en reducciones y simplificaciones. Sin embargo entiendo que esto es un asunto de mucho tiempo en el que manda sólo Dios, el Señor de los corazones humanos y el Señor de la Historia.

Iglesia ortodoxa carismática

Patriarca Uladislaw Ryzy Ryski

Presentación

La Iglesia Ortodoxa Carismática es autocéfala y enfoca su programa de Acción Pastoral en el modelo básico neotestamentario de "Comunidades Domésticas e Integrales". Este es el método Biblico a seguir de vida de iglesia (históricamente hablando). Para nosotros, esta estrategia de acción evangelizadora ha sido muy exitosa. Somos también una Iglesia Carismática, esto quiere decir que entre nosotros, la experiencia Carismática ha sido un medio formidable para revitalizar a la Iglesia, porque todo el organismo espiritual se reaviva y los dones del Espíritu Santo se hacen evidentes. Con la renovación de nuestro Espíritu de fe, hemos experimentado un verdadero avivamiento que se traduce en una nueva generación de cristianos, que tiene el convencimiento de que nuestra iglesia marcha hacia la plenitud de Cristo en cumplimiento de su Misión Pastoral y la consumación de su Obra Redentora, convirtiéndonos así en portadores de un mensaje reconciliador y sanador; siendo alcanzados por la fuerza vivificadora del Espíritu Santo de varias maneras: en Verdad, Liberación, Sabiduría y Santidad; con un nuevo corazón, una nueva mente, una nueva visión y un llamado renovado. Somos una Iglesia Ortodoxa moderada y conciliadora, con algunas variantes e inclusiones necesarias que le permiten actualizarse al ritmo en que avanza la moderna sociedad del siglo 21 y ajustarse a la idiosincrasia cultural de los pueblos, sin alterar la estructura básica de la Ortodoxía ni la fe. El Cristianismo Ortodoxo es una forma de vida fundamentada en las Enseñanzas y Ordenanzas de nuestro Señor Jesucristo.

La Iglesia Ortodoxa Carismática no es una iglesia de tradición Oriental, por lo que está organizada de un modo totalmente distinto, encarnando lo que desde principios del siglo 20 comenzó a denominarse como Ortodoxía Universal. Esto no quiere decir que pretendamos reformar la Ortodoxía o causar división y mucho menos, que estemos introduciendo doctrinas nuevas en la Iglesia Ortodoxa, porque no somos una iglesia protestante, ni histórica, ni doctrinalmente; somos diferentes, pero auténticos. Lo que intentamos es actualizar a la Iglesia para sacarla de su introversión retrógrada y de su arcaico sistema de evangelismo, el cual no se ajusta a las realidades, circunstancias y necesidades actuales, para que deje de ser una Iglesia étnica o sólo para inmigrantes en la diáspora y así dar paso a una nueva estrategia de evangelización, con el fin de dar a conocer con mayor efectiviad la fe Católica Ortodoxa en medio de un mundo pluralista y cambiante, con una Ortodoxía genuinamente libre de toda inculturación foránea. Gracias a esta estrategia, hoy comienzan a esparcirse como semillas, pequeñas células de una nueva estirpe de Ortodoxos en todo el mundo.

La Universalidad de la Iglesia es fundamental para llevar a todos los pueblos, a todas las culturas y a todos los confines, las buenas noticias del Reino de Dios, en el que no hay lugar para el racismo ni la xenofobia y mucho menos para el nacionalismo, propio de religiones ideológicas. Las Iglesias Ortodoxas de tradición Fundamentalista, se han aferrado con un celo casi idolátrico a sus clásicas costumbres litúrgicas y la exaltación de su identidad nacional, pretendiendo exportarlas al mundo con el fin de imponerlas de manera arbitraria y sin tomar en cuenta la idiosincracia cultural de los pueblos, entorpeciendo de esta manera la divulgación de la recta doctrina, que es la esencia misma de la Ortodoxía, cuyas bases y principios descansan en el Evangelio de Jesucristo. En ese desmesurado nacionalismo se refleja su falta de unidad y universalidad (Marcos 16: 15 al 18).

El siglo 20 y lo que va del siglo 21, ha sido una era de bastantes dificultades para las Iglesias Ortodoxas Históricas debido a los conflictos y discrepancias entre éstas por asuntos vanales en su lucha por la supremacía, lo que ha ido abriendo una serie de profundas heridas y una brecha de separación entre las mismas, que ha llegado al punto de socavar la unidad e integrigad de la iglesia. Las crónicas registran una serie de acontecimientos que han dado pie a los grandes cismas de la historia. Por mencionar algunos, tomemos como ejemplo el cisma que tuvo lugar en el año 451 a raíz del Concilio Ecuménico de Calcedonia, en el que la Iglesia Ortodoxa de Siria, junto a la Iglesia Ortodoxa Copta, decidieron separarse de las Iglesias Bizantina y Romana. Otro ejemplo de trascendental importancia fue el gran cisma que se suscitó entre Oriente y Occidente, en el año 1054 de nuestra era, por diferencias de criterio sobre asuntos dogmáticos. Un hecho muy lamentable fue el cisma que sufrió la Iglesia Griega en 1924, al cambiar del Calendario Juliano al Gregoriano. No podemos pasar por alto la trágica persecución que sufrieron las Iglesias Eslavas por causa del alineamiento en 1927 del Patriarcado de Moscú, con el Régimen Comunista Soviético, lo que en 1944 obligó a emigrar al exilio a muchos Clérigos y Sacerdotes de los cuales se deriva la Iglesia Ortodoxa de la Diáspora. Estos son solo algunos de una larga lista de incidentes históricos corroborables que se han dado en el ceno de la Santa Iglesia a través de los tiempos y las edades.

La comunidad Católica Ortodoxa se compone de una amplia gama de iglesias: Patriarcales, Regionales e Independientes, en las que también están incluídas las Iglesias de la Diáspora, a pesar de que éstas no cuentan con el reconocimiento de las Iglesias Madres. Todas son análogas en la fe y Sacramentos, pero carentes de un Código de Derecho Canónico Común, debido a la marcada rivalidad que existe entre éstas por motivos étnicos y diferencias de criterios sobre: Liturgias, ornamentos, tradiciones, calendarios, el concepto de la Canonicidad y distintas otras razones ya mencionadas, todas de carácter fútil. Cada iglesia tiene la potestad de legislar su propia tradición Canónica.

La Iglesia Ortodoxa Carismática se rige por su propia tradición Canónica en concordancia con los Santos Evangelios, los antiguos códices del Pedalión y los postulados de los Siete Concilios Ecuménicos. Nuestra iglesia se adhiere al Calendario Gregoriano por ser éste, el calendario común de la mayoría del Pueblo de Dios. La Iglesia Ortodoxa Carismática es Autocéfala y no reconoce otra autoridad superior a la del Concilio Ecuménico para tratar problemas de índole general o de doctrina. Nuestra Iglesia no permite la injerencia o intromisión en sus asuntos internos, ni la violación de su soberanía por otras Jurisdicciones Eclesiásticas. La Iglesia Ortodoxa Carismática no se fusiona ni se anexa a otras Iglesias Ortodoxas porque la misma no es asimilable. Las diferencias que otras estructuras eclesiales puedan tener con la Iglesia Ortodoxa Carismática, se deben a motivos de interpretación Eclesiástica, Canónica o por desconocimiento de la realidad integral en que se desarrolla nuestra actividad Pastoral. Creemos en la paz, en la justa y necesaria unidad de la iglesia, en el diálogo, la reconciliación, el entendimiento mutuo, en el respeto, la tolerancia, la caridad, la restauración espiritual y la co-existencia pacífica interreligiosa.

Iglesia Disidente

Cufre fue elegido presidente del sinodo de Obispos de la Iglesia Catolica Aposto
Viernes, 22 de Febrero del 2008

El día 9 de febrero, desde tempranas horas de la mañana, se dio inicio a las sesiones del Sínodo de Obispos de la Iglesia Católica Apostólica Argentina (ICAA) no romana, apertura realizada por el Obispo Primado Monseñor Bergonzi Moreno, con una solemne invocación al Espíritu Santo para que su luz y su guía, lograran alcanzar los éxitos esperados en este PRIMER sínodo de Obispos en la historia de la ICAA.

Con objetivos bien claros como la aprobación de los estatutos, que regirían los destinos de la iglesia nacional como un cuerpo orgánico de leyes y disposiciones tendientes a normalizar la vida institucional, tanto intra como extra eclesial, se comenzaron las sesiones en un auténtico clima de espiritualidad y amor por la Iglesia de Cristo.

En primer lugar, el Obispo Primado, dio lectura a la Carta que desde la Secretaría Privada de la Presidencia de la Nación, se remitiera a Monseñor Cufré, dando respuesta a la que él enviara a la Máxima autoridad del país, la Dra. Alicia Fernández de Kirchner .

Después de estudiarse artículo por artículo el Estatuto, que fue compilado, corregido, aumentad y redactado por el Obispo de Santa Fe, se fueron aprobando cada uno de ellos. Al concluir se procedió a la elección de las autoridades conforme la vigencia del Nuevo y PRIMER estatuto de la ICAA.

Fue electo Monseñor Oscar Cufré como Presidente del Colegio Episcopal Argentino de la Iglesia Católica Apostólica Argentina no romana, convirtiéndose así, en la máxima autoridad religiosa del país de la iglesia, siempre que actúe dentro del espíritu de la Colegialidad episcopal.

La tarea ardua de unificar, jerarquizar, ordenar y corporativizar la iglesia, será en adelante el cometido y objetivo esencial del Obispo Presidente.

Monseñor Luis Bergonzi Moreno, quien hasta el día 9 de Febrero, ejercía la autoridad máxima de la Iglesia como Obispo Primado, se despide de una función que durante años estuvo sobre sus hombros y gracias a su tesonero esfuerzo la ICAA logró subsistir hasta el presente. En adelante, la Colegialidad en la figura del Presidente del Colegio Episcopal será quien orientará la ICAA. Monseñor Bergonzi fue designado por el Obispo Presidente como Secretario Canciller Sinodal figura que representa a la Cancillería de Relaciones Interinstitucionales.

La guerra de las iglesias

Al finalizar la comunión el pasado 11 de Febrero en la misa de las Patronales en honor a Nuestra Señora de Lurdes, el presvitero Diego Cavanagh en el medio de un mensaje de agradecimiento tuvo algunas palabras relacionadas con el accionar de Cufré y su iglesia “ tiempo nada sencillo para nosotros para la Iglesia Católica Apostólica Romana, a buen entendedor pocas palabras , aquí en Rufino, donde la confusión nos lleva a que todo vale lo mismo y cualquiera puede predicar con el antecedente que quiera” y agrego “ no en el poder no en la riqueza, no en la elocuencia para hablar sino en la unidad y la pobreza Dios obra el milagro de tocar los corazones” .

Sin mencionar su nombre Cavanahg fue directo en la alusión a la utilización con similitud de los signos, símbolos y otros atributos de la Iglesia Católica Apostólica Romana.

La mención del párroco de la Santísima Trinidad, quedo como el mensajero del Obispo Mosneño Gustavo Help que a solo 30 Km. En Amenabar celebraba una misa y procesión con motivo de los festejos patronales de esa localidad en el mismo momento, no asistiendo una vez mas a la festividad de Rufino a pesar de su importancia.

Monseñor Nuestro fundador

Pepypenko

Historia

ORIGENES DEL CATOLICISMO NACIONAL EN ARGENTINA.
Desde la Revolución de Mayo la fe católica organizada como "la Iglesia del Virreinato del Rio de la Plata", mantuvo una posición afrancesada, libertaria y constitucionalista, queriendo desde su emancipación política, acompañar el patriotismo jacobino local con una posición filo jansenista en lo teológico doctrinario y así poder romper con la dependencia que le era impuesta por el Rey de España, Fernando VII.
Los ideales galicanos, encuadrados en la doctrina de Arnauld y Madame Guyon de la Motte, ocupaban un espacio importante en la Mittel-Europa y la pluma de autores eclesiásticos como De Pradt, Llorente y Villanueva, influenciaban al catolicismo del Rio de la Plata, que manifestaba en sus conventos y curatos la necesidad de obtener un Concordato o carta de autonomía de la Santa Sede.
La Iglesia de Buenos Aires enfrentaba al cesáreo-papismo de Pio VII y León XII, con la preclara inteligencia del Presbítero Diego Estanislao Zavaleta, quien fuera autor del polémico articulo 12 del Congreso General Constituyente de 1824, que establecía la primera ley nacional de tolerancia religiosa, permitiendo que súbditos ingleses, holandeses o franceses, practicasen libremente su religión anglicana, presbiteriana, reformada o hugonote; en 1825 este mismo sacerdote impulsaba una nueva ley de libertad religiosa, bajo el lema de "en comunión con Roma, sujetos no" y de ese modo la Iglesia Católica de la nueva república se perfilaba como una iglesia autónoma al papado romano.
El espíritu autonomista y regalista de la Iglesia Católica en las tierras del plata, obligo al Pontífice Pio VII a que ante la ausencia de obispos españoles para enviar a la ex colonia, crease la figura del "obispo titular", un obispo sin territorio, o sea que consagro obispos a los vicarios apostólicos residentes en América pero no les concedió jurisdicción propia.
Roma, siguiendo una antigua tradición, a cada obispo titular de la naciente república del Rio de la Plata, le daba un territorio que en realidad ya no existía, denominado (en tierras de infieles) "in partibus infidelium", era una antigua sede episcopal que había quedado desierta por causa del avance del Islam, o que dicha sede y ciudad hubieran sido destruidas por cataclismos, guerras o cambios territoriales.
En la naciente república, la Iglesia Católica declaradamente autonomista a la hegemonía de Roma, propuso a Fray Justo Santa María de Oro como único postulante al recientemente creado obispado rioplatense, ante la presión de las autoridades patriotas y para evitar el sisma el papado nombro a este obispo como titular Taumasence de una mítica región incaica, pero se negó rotundamente a nombrarlo como diocesano.
El asesinato del Coronel Manuel Dorrego a manos del partido anti católico de las fuerzas rivadavianas bajo la conducción del Gral. Juan Galo Lavalle en noviembre de 1828 frustro el movimiento católico independentista, y el Gral. Juan José Viamonte como Gobernador Interino, ( Junio a Diciembre de 1829 ) negocio el reconocimiento internacional para la nueva República por el Papa, a cambio de esto , la República otorgaba al vicario de Roma potestad sobre la jurisdicción del Rio de la Plata, reconociéndolo a perpetuidad como Obispo Primado de Honor.
La derrota del papado por Napoleón Bonaparte obligo a la Iglesia Romana a la firma de un concordato donde renunciaba a la autoridad sobre todos los obispados de Francia, los cuales pasaban a ser independientes de Roma y subordinados al gobierno francés; el concordato dividió a los católicos platenses, los sacerdotes Pedro Ignacio Castro Barros, José Manuel Estrada y Mariano Medrano se declararon abiertamente papistas y de ese modo obtuvieron finalmente que durante el primer gobierno de Juan Manuel de Rosas el papado nombrara como primer Obispo Diocesano de Buenos Aires, a Don Mariano Medrano, destituyendo a los sacerdotes revolucionarios y regalistas que junto a Fr. Justo Santa María de Oro y Estanislao Zavaleta habían luchado desde 1810 por una Iglesia Católica Autónoma y Nacional.
Otro intento autonomista fue el del gobernador de San Juan, Salvador María del Carril, que aprobó en 1825 la famosa "Carta de Mayo", documento independentista que otorgaba autonomía religiosa a su provincia, pero los papistas desde el unitarismo porteño, insuflados por el Padre Mariano Medrano enviaron fuerzas militares que pusieron sitio a la capital sanjuanina, derrocando al gobernador y hasta quemaron en la plaza publica el decreto sobre la ley de libertad religiosa.
La idea de una Iglesia independiente de Roma, nacida en Buenos Aires a través de los dominicos y franciscanos, se extendió a Bolivia y Perú, por el contrario Chile permaneció siendo un baluarte papista.
En 1824, el Papa León XII envió a América del Sur "la misión Muzi ", encabezada por el Vicario Apostólico Monseñor Giovanni Muzi, auxiliado por su secretario el joven sacerdote Giovanni Mastai Ferretti, que veintidós años después asumiría la Santa Sede bajo el titulo de Pio IX en 1846.
La misión Muzi fracaso estrepitosamente. El gobierno de Buenos Aires no reconoció oficialmente al legado papal, no lo recibieron en el puerto de Bs. As. Y fue declarado persona no grata por los autonomistas, liderados por el Padre Zavaleta, y por la mayoría de ex frailes regulares, dominicos, recoletos, jesuitas y franciscanos, que se habían secularizado; la misión Muzi debió abandonar Buenos Aires rumbo a Córdoba, escapando de los indignados sacerdotes independentistas, de allí pasaron a lomo de mula hasta Chile y luego por barco hasta Montevideo donde finalmente pudieron embarcar a Italia.
En 1830 la Confederación Argentina, devolvió los conventos secularizados por Rivadavia, a los sacerdotes locales a cambio del reconocimiento oficial del Papa al gobierno rosista, época que duro veinte años y durante la cual el gobierno nacional, de marcada influencia regalista nombraba los Obispos que luego cabía al Papa la confirmación de los mismos.
La idea de una Iglesia Argentina separada administrativamente de Roma estuvo posteriormente apoyada por los gobiernos de Sarmiento, Mitre y Roca, pero la instauración del Poder Papal en la Santa Sede a partir del Concilio Vaticano de 1870, con el Dogma de la " Infalibilidad Pontificia" de Pio IX, el cual nunca olvidó la humillación sufrida en 1824 durante la misión Muzi, hizo que ante la necesidad de la mediación del Vaticano en política internacional, doblegara a la República Argentina en todas sus pretensiones separatistas del clero conciliarista y vinculado a los postulados de la Sede de Utrecht y a la teología del Dr. Ignaz Von Dollinguer .
A partir de 1905 el clero autonomista de la Iglesia Argentina fuera reemplazado totalmente por elementos romanistas y así fue hasta el inicio de la década del ´70, donde los ideales del Deán Funes, Fray Justo Santa María de Oro, Alberti o Zavaleta, renacieron en la politización del clero, ya sea en las Asambleas de Obispos Nacionales, el Consejo Episcopal de América Latina (CEPAL), o los Sínodos de Puebla y Medellín, Sacerdotes Obreros, Movimiento del Tercer Mundo y Sacerdotes Casados.
Las doctrinas marxistas generan dentro del catolicismo argentino, una fuerte corriente de repudio, y el anti comunismo local, se divide en dos sectores, uno conservador y papista, que se organiza bajo la directriz de obispos, como Pio Lagui Tortolo, Bonamin, Plazza, Aramburu, etc. Y que cuenta con pleno apoyo vaticano, y con el beneplácito de las Fuerzas Armadas, que gobiernan el país desde 1966 hasta 1973, y desde 1976 hasta 1983.
El otro sector del catolicismo es nacional y regalista, proponía la separación de Roma y la creación de una Iglesia Nacional, semejante a la Iglesia Católica de Méjico, surgida durante el Gobierno del Gral. Calles en 1927, o al cisma brasilero del Arzobispo de Botocatu, Mons. Carlos Duarte Costa en 1947, amparada en la doctrina humanista del Justicialismo, y con la guía doctrinaria del Sacerdote Pedro Ruiz de Badanelli, exilado desde el golpe militar de 1956, y que a su retorno a Argentina en 1964, era el líder espiritual de otros sacerdotes autonomistas y anti comunistas.
El Sacerdote Católico, Leonardo Morizio Dominguez, Capellán militar, abandono la iglesia romana y se sumo a los sacerdotes ordenados en Brasil, Alejandro Evaristo Geist, Guillermo Horacio Campos Inciarte y Oscar Álvaro Quintero Robledo, con los cuales se fundo la Congregación Cristiana Católica y Apostólica en Buenos Aires, en 1972 este grupo de sacerdotes disidentes, envían a Leonardo Morizio Dominguez a San Pablo, Brasil, y allí es consagrado como el primer Obispo Católico no romano de Argentina, por el Arzobispo Don Luiggi De Mascolo.
El movimiento de sacerdotes nacionales, rápidamente creció y en 1973, los Presbíteros Samuel Segundo Viccini Laguna , Argentino Garbin, Vicente Nicolás Parula, Pedro Gianolla, y Pedro Gómez Ruiz de Badanelli, son consagrados al episcopado junto a los 3 curas de la Congregación Cristiana Católica de Monseñor Campos Inciarte.
En Noviembre de 1974, El Exarcado Ortodoxo de la Antigua Iglesia de Ucrania, incardinado al Patriarcado Autocefalo de América, con sede en Nueva York, envía al Arzobispo Eusebio Santo Pace, para dar reconocimiento canónico a los Obispos y sacerdotes católicos argentinos que estaban separados de Roma.
Junto al Arzobispo Pace, desde el Exarcado de Italia, vinieron a Buenos Aires, el Arzobispo Oscar Cairolli y Fernandez, el Arzobispo Michael de Valitch y Mons. Vittorio Francescone, los cuales re consagraron a Monseñor Antonio Lozano Sánchez y a Monseñor Pedro Gomez Ruiz de Badanelli, como Obispos de Rito Católico Ortodoxo.
La comunidad se registro en la Secretaria de Cultos, como " Iglesia Católica Ortodoxa Americana ", y entre sus innovadores postulados doctrinarios, aceptaba el matrimonio de los sacerdotes y obispos, ponía fin a la prohibición del divorcio y se declaraba autónoma de toda autoridad eclesiástica, que residiese fuera del territorio argentino.
El golpe militar de 1976, proscribió de igual manera a los curas tercermundistas y a los autonomistas, muchos fueron encarcelados, muertos o exilados, recién en 1983, la Iglesia nacional, pudo reiniciar sus actividades, de seis sedes y once parroquias, solo quedaba la Iglesia del Buen Pastor, en la localidad de Virreyes, y de los diez obispos, solo sobrevivía Monseñor Badanelli, que antes de fallecer, consagraría a Monseñor Eugenio Tenca Rusconi, Oscar Arnedo Camino y Bruno Tinivelli Fangelli.
El movimiento autonomista cuenta en el año 2008, con mas de 22 Obispos, 4 Catedrales, centenas de parroquias y sacerdotes, organizados de modo episcopal, pero autónomos entre si, el catolicismo no romano de argentina, continua su marcha, venciendo al tiempo y a las circunstancias.
Alfredo Montrezza

Sucesión

Sucesion Apostolica de S.E.R. Monseñor Johann Mauricio Correa Patiño por Manos de Monseñor Luis Fernando Hoyos Maldonado
Ortodoxa Ucraniana.
Obispo Juan David vargas Mesa

En el año 1.693, bajo el pontificado de Inocencio XII, tres obispos franceses, uno de ellos Jacques Bénigne Bossuet, consagraron a Jaime Gayón de Matignon. Este Obispo consagro por orden del Papa Clemente XI, el 12 de Febrero de 1.719 en la Iglesia de los Cartujos, de París, a Dominicus Marie Varlet quien posteriormente consagra varios obispos para la sede de Utrecht, Holanda. A partir del Obispo Varlet, la línea de los obispos por cuyo medio llegó la Sucesión Apostólica hasta nuestros primeros Obispos, es como sigue: MEINDAARTS, Petrus Johannes: consagrado por el anterior en 1.745 como Obispo de Haarlem. VAN NIUWENHUIZEN, Gualteros Michael: consagrado por el anterior. En 1.768 como Arzobispo de Utrecht. BROEKMAN, Johannes: consagrado por el anterior Obispo de Haarlem en. 1.778. VAN RHIJN, Johannes Jacobus: consagrado por el anterior en 1.797 como Arzobispo de Utrecht. DE JONG, Gilbertus Cornelius: consagrado por el anterior en 1.805 como Arzobispo de Deventer. VAN OS, Willibrordus: consagrado por el anterior en 1.814 como Arzobispo de Utrecht. BON, Johannes: consagrado por el anterior en 1.819 como Obispo de Haarlem. VAN SANTEN, Johannes: consagrado por el anterior en 1.825 como Arzobispo de Utrecht. HEIJKAMP, Hermanaus: consagrado por el anterior en 1.853 como Obispo de Deventer. Rinkel, Gasparus Johannes: consagrado por el anterior en 1.873 como Obispo de Haarlem. (Este fue uno de los Obispos que se separaron de Roma en 1.874 para constituir la Iglesia Católica Antigua). GUL, Gerardus: consagrado por el anterior en 1.892 como Arzobispo de Utrecht (Iglesia Católica Antigua). MATHEW, Arnold Harris: consagrado por le anterior el 28 de Abril de 1.908 como Obispo de Inglaterra. (Fue encargado de establecer una misión de la Iglesia Católica Antigua en la Gran Bretaña e Irlanda). WILLOUGHBY, Frederck Samuel: consagrado por el anterior en Bromley, Inglaterra el 28 de Octubre de 1.914. GAUNTLETT, Rupert: consagrado por el anterior en Londres, Inglaterra, el 26 de Septiembre de 1.915. KING, Robert: consagrado por el Obispo Willoughby en Londres, Inglaterra, el 26 de Septiembre de 1.915 WEDGWOOD, James Ingall: consagrado por el Obispo Willoughby, asistido por los Obispos Gauntlett y king en Londres, el 13 de Febrero de 1.916 y elegido Obispo Presidente de la Iglesia Católica Antigua en Inglaterra. BORETZKI, Job: consagrado por los anteriores en 1.928, como Obispo de Kiev. PELIPENKO, Alejo: consagrado por el anterior en Ucrania el 16 de diciembre de 1.946, como Obispo de Centro y Sur América. GOMEZ ROJAS, Arquímedes: consagrado por el anterior Obispo Pelypenko Alejo en abril 19 de 1.981 en Atlanta Georgia, E.E.U.U. como Obispo de Sur América. MEJIA PEREZ, José Joaquín: fue consagrado por el Obispo Gómez Rojas Arquímedes, en la ciudad de Medellín Colombia el día 23 de Noviembre de 1.983. Como Obispo para el Norte de Colombia HOYOS MALDONADO, Luis Fernando: consagrado por el Obispo Mejía Pérez, en Bogotá Colombia el día 8 de Mayo de 1.993, como Obispo auxiliar de la diócesis de la Sabana y Norte de Colombia.
CORREA PATIÑO, Johann Mauricio: consagrado por el Obispo Hoyos Maldonado, en Medellín el 8 de Diciembre de 2002, como obispo de la Vicaria Patriarcal de Colombia.

JUAN DAVID VARGAS MESA. >Consagrado por manos del obispo Johann Mauricio Correa en la ciudad de Medellín Colombia. Poseedores de sucesión apostólica antigua de Polonia en Ucrania

Http arzobispopelipenko blogspot com 2008 09 monseor alejo

http://arzobispopelipenko.blogspot.com/2008/09/monseor-alejo-pelypenko.html

S. E. Rev Mons Alejo Pelypenko

Monseñor Alejo Pelypenko, Obispo Ortodoxo, quien en sus últimos años se incardinó a los Viejos Católicos y su residencia era Panamá hasta el año 1.983. Monseñor Pelypenko era el encargado de América Central, Las Antillas y Sur América. Al retirarse de su actividad Ministerial no se volvió a saber sobre su paradero. Al parecer se encuentra en Ucrania como Obispo Emérito.-

Junto con Monseñor Richard Nielssen originan la rama de Nuestra Sucesión Apostólica de Obispos.