Patriarca Uladislaw Ryzy Ryski

Presentación

La Iglesia Ortodoxa Carismática es autocéfala y enfoca su programa de Acción Pastoral en el modelo básico neotestamentario de "Comunidades Domésticas e Integrales". Este es el método Biblico a seguir de vida de iglesia (históricamente hablando). Para nosotros, esta estrategia de acción evangelizadora ha sido muy exitosa. Somos también una Iglesia Carismática, esto quiere decir que entre nosotros, la experiencia Carismática ha sido un medio formidable para revitalizar a la Iglesia, porque todo el organismo espiritual se reaviva y los dones del Espíritu Santo se hacen evidentes. Con la renovación de nuestro Espíritu de fe, hemos experimentado un verdadero avivamiento que se traduce en una nueva generación de cristianos, que tiene el convencimiento de que nuestra iglesia marcha hacia la plenitud de Cristo en cumplimiento de su Misión Pastoral y la consumación de su Obra Redentora, convirtiéndonos así en portadores de un mensaje reconciliador y sanador; siendo alcanzados por la fuerza vivificadora del Espíritu Santo de varias maneras: en Verdad, Liberación, Sabiduría y Santidad; con un nuevo corazón, una nueva mente, una nueva visión y un llamado renovado. Somos una Iglesia Ortodoxa moderada y conciliadora, con algunas variantes e inclusiones necesarias que le permiten actualizarse al ritmo en que avanza la moderna sociedad del siglo 21 y ajustarse a la idiosincrasia cultural de los pueblos, sin alterar la estructura básica de la Ortodoxía ni la fe. El Cristianismo Ortodoxo es una forma de vida fundamentada en las Enseñanzas y Ordenanzas de nuestro Señor Jesucristo.

La Iglesia Ortodoxa Carismática no es una iglesia de tradición Oriental, por lo que está organizada de un modo totalmente distinto, encarnando lo que desde principios del siglo 20 comenzó a denominarse como Ortodoxía Universal. Esto no quiere decir que pretendamos reformar la Ortodoxía o causar división y mucho menos, que estemos introduciendo doctrinas nuevas en la Iglesia Ortodoxa, porque no somos una iglesia protestante, ni histórica, ni doctrinalmente; somos diferentes, pero auténticos. Lo que intentamos es actualizar a la Iglesia para sacarla de su introversión retrógrada y de su arcaico sistema de evangelismo, el cual no se ajusta a las realidades, circunstancias y necesidades actuales, para que deje de ser una Iglesia étnica o sólo para inmigrantes en la diáspora y así dar paso a una nueva estrategia de evangelización, con el fin de dar a conocer con mayor efectiviad la fe Católica Ortodoxa en medio de un mundo pluralista y cambiante, con una Ortodoxía genuinamente libre de toda inculturación foránea. Gracias a esta estrategia, hoy comienzan a esparcirse como semillas, pequeñas células de una nueva estirpe de Ortodoxos en todo el mundo.

La Universalidad de la Iglesia es fundamental para llevar a todos los pueblos, a todas las culturas y a todos los confines, las buenas noticias del Reino de Dios, en el que no hay lugar para el racismo ni la xenofobia y mucho menos para el nacionalismo, propio de religiones ideológicas. Las Iglesias Ortodoxas de tradición Fundamentalista, se han aferrado con un celo casi idolátrico a sus clásicas costumbres litúrgicas y la exaltación de su identidad nacional, pretendiendo exportarlas al mundo con el fin de imponerlas de manera arbitraria y sin tomar en cuenta la idiosincracia cultural de los pueblos, entorpeciendo de esta manera la divulgación de la recta doctrina, que es la esencia misma de la Ortodoxía, cuyas bases y principios descansan en el Evangelio de Jesucristo. En ese desmesurado nacionalismo se refleja su falta de unidad y universalidad (Marcos 16: 15 al 18).

El siglo 20 y lo que va del siglo 21, ha sido una era de bastantes dificultades para las Iglesias Ortodoxas Históricas debido a los conflictos y discrepancias entre éstas por asuntos vanales en su lucha por la supremacía, lo que ha ido abriendo una serie de profundas heridas y una brecha de separación entre las mismas, que ha llegado al punto de socavar la unidad e integrigad de la iglesia. Las crónicas registran una serie de acontecimientos que han dado pie a los grandes cismas de la historia. Por mencionar algunos, tomemos como ejemplo el cisma que tuvo lugar en el año 451 a raíz del Concilio Ecuménico de Calcedonia, en el que la Iglesia Ortodoxa de Siria, junto a la Iglesia Ortodoxa Copta, decidieron separarse de las Iglesias Bizantina y Romana. Otro ejemplo de trascendental importancia fue el gran cisma que se suscitó entre Oriente y Occidente, en el año 1054 de nuestra era, por diferencias de criterio sobre asuntos dogmáticos. Un hecho muy lamentable fue el cisma que sufrió la Iglesia Griega en 1924, al cambiar del Calendario Juliano al Gregoriano. No podemos pasar por alto la trágica persecución que sufrieron las Iglesias Eslavas por causa del alineamiento en 1927 del Patriarcado de Moscú, con el Régimen Comunista Soviético, lo que en 1944 obligó a emigrar al exilio a muchos Clérigos y Sacerdotes de los cuales se deriva la Iglesia Ortodoxa de la Diáspora. Estos son solo algunos de una larga lista de incidentes históricos corroborables que se han dado en el ceno de la Santa Iglesia a través de los tiempos y las edades.

La comunidad Católica Ortodoxa se compone de una amplia gama de iglesias: Patriarcales, Regionales e Independientes, en las que también están incluídas las Iglesias de la Diáspora, a pesar de que éstas no cuentan con el reconocimiento de las Iglesias Madres. Todas son análogas en la fe y Sacramentos, pero carentes de un Código de Derecho Canónico Común, debido a la marcada rivalidad que existe entre éstas por motivos étnicos y diferencias de criterios sobre: Liturgias, ornamentos, tradiciones, calendarios, el concepto de la Canonicidad y distintas otras razones ya mencionadas, todas de carácter fútil. Cada iglesia tiene la potestad de legislar su propia tradición Canónica.

La Iglesia Ortodoxa Carismática se rige por su propia tradición Canónica en concordancia con los Santos Evangelios, los antiguos códices del Pedalión y los postulados de los Siete Concilios Ecuménicos. Nuestra iglesia se adhiere al Calendario Gregoriano por ser éste, el calendario común de la mayoría del Pueblo de Dios. La Iglesia Ortodoxa Carismática es Autocéfala y no reconoce otra autoridad superior a la del Concilio Ecuménico para tratar problemas de índole general o de doctrina. Nuestra Iglesia no permite la injerencia o intromisión en sus asuntos internos, ni la violación de su soberanía por otras Jurisdicciones Eclesiásticas. La Iglesia Ortodoxa Carismática no se fusiona ni se anexa a otras Iglesias Ortodoxas porque la misma no es asimilable. Las diferencias que otras estructuras eclesiales puedan tener con la Iglesia Ortodoxa Carismática, se deben a motivos de interpretación Eclesiástica, Canónica o por desconocimiento de la realidad integral en que se desarrolla nuestra actividad Pastoral. Creemos en la paz, en la justa y necesaria unidad de la iglesia, en el diálogo, la reconciliación, el entendimiento mutuo, en el respeto, la tolerancia, la caridad, la restauración espiritual y la co-existencia pacífica interreligiosa.